Siria es el tablero donde todas las fuerzas pugnan
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Siria es el tablero donde todas las fuerzas pugnan
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La alianza estratégica con Irán sostiene en Damasco a una dinastía presionada no sólo por otras potencias, sino sobre todo por las legítimas y republicanas demandas internas.
Remedo del célebre es la economía, estúpido, hoy debería repetirse, cada vez que se alude a la crisis en Siria, es Irán, ...

La escalada de las últimas semanas en el conflicto que desangra al país árabe puede reconocer ese origen por la alianza íntima que une a esos dos países. Pero una polémica idea en algunos areneros afirma que si se derrumba el régimen que desde hace 42 años sostiene la dinastía Assad, eso debilitaría a la potencia persa a extremos del eventual derrumbe de su peculiar revolución islámica iniciada en 1979.

Un ex jefe del Mossad, Efraim Halevy, describió el año pasado en The New York Times ese diseño: “la caída del regimen de Assad implicaría una debacle estratégica para el gobierno iraní porque por un lado le cortaría sus vínculos con Hezbollah en Líbano y Hamas en Gaza y reduciría su prestigio internacional forzando posiblemente a suspender sus políticas nucleares”.

Hace pocos días, el senador John McCain, ex candidato presidencial republicano y militante tenaz de la propuesta de una intervención armada occidental en Siria, estuvo por Turquía y cruzó la frontera para encontrarse con uno de los más importantes jefes militares rebeldes, el general Salem Idris. McCain llegó al lugar en medio de la controversia sobre si el régimen está usando armamento químico lo que implicaría, según el presidente Barack Obama, un cambio en las reglas del juego que justificaría una acción directa. No es claro si esas armas se han disparado. pero eso no parece ser el punto crucial en estas acrobacias. El año pasado ese legislador presentó un proyecto reclamando que se arme a las fuerzas que enfrentan a la dictadura con el argumento, en el mismo sentido que Halevy, de que “la caída del régimen de Bashar Al Assad representaría el mayor golpe estratégico para Irán en un cuarto de siglo”.

El espectro de la teocracia persa se corporizó otra vez esta semana cuando la Unión Europea anunció su disposición a levantar el embargo de armas que rige contra la atomizada fuerza rebelde. De inmediato Rusia -junto con China, el mayor aliado estratégico de Damasco- equilibró la mesa afirmando que entregaría a Assad sus sofisticadas bases misilísticas móviles S-300, consideradas como los más modernos equipos de defensa y ataque tierra-aire existentes en el mundo. Israel se apuró, entonces, a anticipar que bombardearía esas instalaciones donde las descubriera poniendo el foco también en Irán.

La escalada verbal no pasó de los amagues. Europa había aclarado ya antes de que hablara Moscú que el apoyo a los rebeldes sería con equipamientos no letales. Rusia tampoco avanzó y los temibles misiles no estarán al menos en el corto plazo en territorio sirio. Pero en el medio de esos cruces se supo que el partido y milicia libanesa Hezbollah, aliado de Damasco y de Teherán, tiene miles de combatientes en el frente sirio. Es el mismo movimiento guerrillero shiíta que derrotó en 2006 a Israel en la breve guerra que libraron en la frontera.

Ese enfrentamiento no se ha cerrado. Una chispa lo encendería todo y el aire no deja de recargarse.

Dentro de unas pocas semanas llegará a Jordania el grueso de una multitudinaria tropa norteamericana para tomar parte de los ejercicios anuales “Eager Lion 2013” que incluyen a 15.000 soldados de 18 países. Pésimo timing se diría, teniendo en cuenta el contexto. No por nada las Fuerzas Armadas jordanas han debido aclarar ya en distintos tonos que esos soldados de los EE.UU. no estarán ahí para entrar en la vecina Siria.

Este juego de tensiones tiene una serie de consecuencias inmediatas. La mayor es la montaña de muertos cercana ya a los 80 mil y que puede ser sólo una parte del saldo terrible si se extiende el conflicto sirio.

Es el costo más dramático que está pagando mayoritariamente la población civil del país árabe, un “daño colateral” que no aparece en el mapa de los estrategas de cualquiera de los bandos.

Una explicación, no la única, para este largo drama es que está en duda el efecto sobre Irán que anticipan de modo tan lineal el hombre del Mossad o el dinámico legislador republicano en caso del derrumbe de la dinastía siria.

Puede presumirse que la presión dentro de EE.UU. para una acción en el terreno obedezca a la suposición de la Casa Blanca de que se repetiría en Siria el proceso en Egipto, o en Túnez donde la cofradía pro occidental de los Hermanos Musulmanes logró el poder total o parcial y preservó la alianza con Washington que defendían los tiranos depuestos. Ese partido sunnita. que también existe en Libia, es el que orienta la Coalición Nacional Siria, el frente político rebelde con mejores vínculos con Estados Unidos.

Pero Obama duda de estos pasos por un puñado de motivos. El salafismo ultraislámico jihadista es sumamente fuerte en el norte de Líbano y su marcha sobre Siria podría ser incontenible de la mano de grupos como la Jabhat al-Nusra que se describe ligada a la espectral Al Qaeda. Cualquier escenario de invasión abriría un litigio interminable con esos bandos que complicaría a EE.UU. cuando está saliendo con aires de derrota de Afganistán e Irak.

Otra suposición es que una sublevación exitosa en Siria encendería protestas en Irán donde la crisis económica está aumentando la irritación social contra el régimen de los ayatollah. Pero la misma consecuencia se produciría en Qatar o Arabia Saudita, las dos monarquías aliadas de Washington que más han sostenido la rebelión y que mantienen una histórica guerra fría con el régimen de Teherán.

Es un juego de ajedrez donde todo indica tablas, por ahora.

Se suele perder de vista que esta rebelión ha durado ya más de dos años, no sólo porque la impulsen facciones terroristas o las potencias occidentales como denuncian Damasco y Teherán. Hay ahí, es cierto, predominio de mercenarios y salafistas como ha sostenido una investigación de The New York Times.

Pero la extensión temporal de la guerra se debe también a que gran parte de la población se involucró en esta guerra detrás de una legítima demanda de un cambio republicano.

Son esos sectores y no los fanáticos el mayor desafío para el régimen y los restantes jugadores que intentan apropiarse de este conflicto porque, ya se ha visto en otras fronteras, improbablemente cederán, no importa la circunstancia ni el castigo que reciban.
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